Lo acostumbro desde pequeño, ¿no?

¡Pues, no!

Ahora veremos por qué.

“Basta con acostumbrarlo desde pequeño”

¿Cuántas veces has oído eso?

Traes a casa al cachorro, tal vez un cachorro de caniche o de maltés, y el criador te ha advertido de la importancia de que el perro se acostumbre desde el principio a que lo toquen y lo manipulen, porque el pelaje requerirá cuidados constantes durante toda su vida, habrá que limpiarle los ojos, y un largo etcétera.

Y tú, evidentemente, no quieres tener problemas; quieres hacerlo lo mejor posible.

Y así te vuelcas, ahora que es pequeño, en la tarea de cepillar al cachorro. Y el cachorro incluso te deja hacerlo. ¿Y qué otra cosa podría hacer?  A lo mejor el cachorro te muerde las manos, o muerde el peine, pero “¡si está jugando!”, piensas.  Quizás se retuerce, pero “¿qué más da?”, “no es para tanto…”, piensas.

Y así sigues, dos, tres, cuatro veces por semana. “Cada vez irá mejor”, te dijeron.

“Utiliza las recompensas”, te dijeron.

Incluso acudiste a un adiestrador, para hacerlo bien.

A medida que el cachorro crece, el pequeño ya no es tan pequeño y te das cuenta de que algo debe haber ido mal.

Allá es cuando empiezan a decirte que tienes a un perro malcriado, testarudo, nervioso, poco tolerante, agresivo… Incluso puede que alguien te diga que tu perro es dominante y que tienes que “ponerlo en su sitio”.

Todas tus buenas intenciones dan paso a la confusión y la frustración y ya no sabes qué hacer.

¿Qué ha pasado? ¿Qué ha ido mal?

Es que los perros no son máquinas. Cada individuo experimenta las cosas de forma diferente y no es el número de veces que se repite una experiencia lo que la hará más placentera, ni mucho menos, y ni siquiera el uso de recompensas.

Son las emociones que surgen durante esa experiencia, y no solo durante ella, que marcan la diferencia.

Si el perro vive la experiencia del cepillado con preocupación y esta se repite una y otra vez,

y tú mantienes a la fuerza al cachorro que quiere marcharse y continuas impertérrito, porque así te lo aconsejaron,

o vas atiborrándolo con “premios” porque, dicen, así la experiencia será positiva,

bueno, lo que está ocurriendo es que lo estás obligando en contra de su voluntad y por la fuerza, o, quizás, lo estás engañando con comida para convencerlo de que se quede allí y “se deje hacer”.

Se está forzando al cachorro, una y otra vez, a una situación que le crea malestar, estrés, miedo.

Y eres tú quien lo mantienes allí.

De esa manera, junto con tus buenas intenciones, la sensación de seguridad y la confianza que tu cachorro tenía en ti, también se van por el desagüe.

Acostumbrarlo desde pequeño, en el sentido de exponerlo a estímulos, forzarlo a experimentar cosas, pensando que luego se sentirá a gusto en esas situaciones porque ya las conoce, no tiene sentido.

Hacer que se sienta seguro siempre, ¡eso tiene sentido!

Hacer que confíe en ti, ¡eso tiene sentido!

Hacerle vivir experiencias que susciten en él emociones positivas en un contexto de manipulación (por ejemplo, el cepillado), ¡eso tiene sentido!

Hacer que se sienta capaz de manejar la situación, ¡eso tiene sentido!

Darle a conocer todo el procedimiento, explicarle paso a paso lo que vas a hacer, lo que puede esperarse y lo que le estás pidiendo, ¡eso tiene sentido! Es decir, proporcionarle buena información, ¡eso tiene sentido!

Dejarle libertad para participar, o no, ¡eso tiene sentido!

Enseñarle a colaborar, en lugar de enseñarle que tiene que someterse sin poder rebelarse, ¡eso tiene sentido!

Ponte por un momento en su lugar.

¿Qué absurdo, qué poco razonable y qué poco digno de confianza debe parecerle a tu cachorro que, en un momento en que esté preocupado, tú le ofrezca comida, en lugar de hacer algo para que se sienta más seguro?

Preparar al cachorro para las manipulaciones tiene sentido, pero solo en determinadas condiciones; de lo contrario, solo corres el riesgo de liarla.

Descubre cómo preparar a tu perro para afrontar con serenidad las experiencias de peluquería. Trabaja junto con él, fomentando las condiciones que le permitan desarrollar la motivación para colaborar contigo, para que tu perro participe activa y voluntariamente en sus cuidados y no solo llegue a “tolerarlos”.