“Su estrés era tan alto que los días siguientes permanecía muy nerviosa, creando situaciones desagradables con los demás perros de la familia”.
Me llamo Francesca Tomei, soy educadora canina, pero, ante todo, soy la compañera humana de mis 4 perros.
Me acerqué al Adiestramiento Colaborativo gracias a la presentación que hizo Stefania Buonarota para popularizar esta actividad. Decidí asistir al curso principalmente para ayudar a mi perra más joven, Alma, que vivía las revisiones veterinarias con gran malestar y mucho miedo.
Debido a ese miedo, Alma durante las revisiones intentaba morder a los veterinarios.
La solución podría haber sido el bozal, que habría protegido las manos de los veterinarios, pero el uso del bozal solo habría representado una solución para el problema humano.
Su estrés era tan alto que en los días siguientes Alma permanecía muy nerviosa, creando situaciones desagradables con los demás perros de la familia. Muchas veces, dependiendo del tipo de revisión que tuviera que hacer, pedía a los veterinarios que la sedaran para evitar un estrés prolongado, pero eso no solucionaba gran cosa.
Así pues, empezamos con el Adiestramiento Colaborativo mediante un entrenamiento específico en el que creamos situaciones realísticas (revisión de oídos, uñas, ecografía, auscultación, toma de muestras, etc.) en las que Alma aprendió a colaborar.
¿Cómo? Dejándole a ella la decisión de si continuar o no y la libertad de decidir hasta dónde podíamos llegar. Sé que, dicho así, puede parecer reductivo y muy simple, pero no lo es, porque tenemos que reconocer todas las señales que el perro emite para decirnos cómo se siente en cada momento y contexto. Como dice Stefania, podemos comparar este trabajo con la experiencia que vivimos en el dentista: saber lo que nos va a pasar y tener la posibilidad de interrumpir el procedimiento nos hace sentir más tranquilos.
Unos meses después de empezar el curso, tuvimos que vivir directamente la experiencia en la clínica veterinaria, para una revisión. Aquel día, yo estaba preocupada, porque no sabía cómo reaccionaría Alma. Sin embargo, Alma entró en la consulta espontáneamente y permaneció en la mesa sin gruñir y sin intentar morder.
Aún no habíamos terminado todos los procedimientos del programa del curso, pero Alma espontáneamente apoyó el mentón en mi mano, mientras la veterinaria la tocaba por todas partes, y pudieron tomarle una muestra de sangre, todo ello sin bozal.
Alma conocía el comportamiento del mentón sobre la mano: es una señal de colaboración que me permite revisarle y manipularle la cara.
Ella misma propuso ese comportamiento, dando así su consentimiento a la revisión (incluso en zonas distintas a la cara) y, al mismo tiempo, utilizándolo como coping (afrontamiento).
Más adelante, volvimos para otras revisiones y de nuevo las reacciones de Alma fueron serenas.
¿Qué había ocurrido?
El Adiestramiento Colaborativo le proporcionó habilidades emocionales a Alma e hizo que tuviera una percepción diferente y positiva, con respecto al pasado, de los contextos que la aterrorizaban tan solo unos meses antes. Es más, el estrés que solía durar días desapareció y, en casa, ¡ya no amenazaba a la otra perra!
Para Alma y para mí, el Adiestramiento Colaborativo ha sido una experiencia maravillosa, tanto por los resultados que hemos conseguido, como por el mayor conocimiento que tengo de ella, así como por la confianza mutua, que ha aumentado. Y, lo mejor de todo, es que seguimos entrenando, porque también es una actividad que nos permite compartir momentos y nos divertimos juntas.
Con mis otros perros he llevado a cabo el mismo trabajo, aunque nunca habían reaccionado con los veterinarios. Aun así, el hecho de que no reaccionaran no significa que no tuvieran miedo y que estuvieran serenos. E incluso en ellos vi cambios radicales.
Mucho menos estrés, ausencia de temblores y de rigidez, ningún intento de escaparse, y una mayor relajación en general.
Un aspecto importante, y con frecuencia subestimado, es el estrés que vive el perro. En ocasiones, el estrés se manifiesta a través de la inmovilidad, lo que, generalmente, lleva a pensar que el perro “es bueno y se deja hacer de todo”. Con esta afirmación, se pasa por alto la parte emocional del perro. Quedarse quieto y permitir que se le haga lo que hay que hacer, sin reaccionar, no siempre se corresponde con un estado emocional tranquilo y sereno. Es simplemente la otra cara del miedo, que se manifiesta en la inmovilidad.
Y el Adiestramiento Colaborativo es de gran ayuda en eso también, porque, ya sé que me repito, cambia la percepción del contexto y ayuda a vivir esas experiencias sin (o con menos) preocupación.
Creo que nos corresponde a nosotros, en nuestro papel de propietarios, ayudar a los perros a vivir experiencias de forma positiva. Del mismo modo que, como educadores, debería ser nuestro deber enseñar a los propietarios a comprender a los perros y ayudarles a tener experiencias positivas, sin forzarlos. Muchas veces, los propietarios admiten tener dificultades para manipular a sus perros, limpiarlos, ponerles antiparasitarios, cepillarlos, … solo por poner algunos ejemplos. El Adiestramiento Colaborativo también ayuda con esto.
A Woopy, mi otra perra, era un verdadero drama limpiarle los oídos y cortarle las uñas. Cuando sabía que tenía que hacerlo, se metía debajo de la cama y era una odisea convencerla para que saliera. Todo el procedimiento era una fuente de estrés: Woopy temblaba e hiperventilaba y, terminada la manipulación, volvía a meterse debajo de la cama, quedándose allí durante horas. Y yo me sentía culpable por hacerla pasar por semejante tortura.
Desde que empezamos a entrenar de forma colaborativa, todo ha cambiado. Woopy ya no huye, no tiembla y no corre a esconderse después de haber terminado. Confía más en mí, tiene más autoestima y, en general, su visión del mundo es más sonriente. Esto se debe a que los efectos beneficiosos no solo están contextualizados en las situaciones en las que los perros aprenden a colaborar, sino que afectan a toda la relación.
Al igual que las experiencias negativas, aunque sean pocas, pero de peso, influyen en el estado emocional de un individuo, de la misma forma las experiencias vividas de forma agradable y relajada afectan a muchos aspectos de la relación.
Cuando empecé el curso, no sabía lo que iba a ocurrir ni qué resultados obtendríamos, pero me movía el deseo de probar un camino libre de constricciones e inhibiciones. Y me dije a mí misma “lo intentaré, en el peor de los casos nada cambiará”. Sin embargo, los cambios se han producido y han sido realmente importantes, por lo que espero que cada vez más propietarios, y más veterinarios y peluqueros, conozcan el Adiestramiento Colaborativo. Sale ganando el bienestar del perro (eso también vale para cualquier otro animal), ganan la relación y la confianza entre propietario y perro y, si queremos decirlo sin rodeos, ¡el trabajo de veterinarios y peluqueros también se vuelve menos estresante!
Estoy muy feliz de haber emprendido este camino y me comprometeré cada vez más a difundirlo, porque he experimentado de primera mano lo eficaz y lo agradable que es.
Y ver a los perros relajados, de verdad, no tiene precio.
