Este es el título de una MasterClass que imparto periódicamente para explicarle a la gente cómo enseñarles a sus perros a tomar cápsulas y comprimidos voluntariamente, sin forzarlos ni engañarlos, es decir, sin meterles las pastillas en la garganta a la fuerza y sin esconderlas en la comida.
Vale, ¿y qué?
¿Realmente impartes cursos sobre eso?
¿En serio hace falta un curso para darle una pastilla a un perro?
Pero si son cosas que enseñan normalmente en los cursos de educación… ¿qué tiene este curso que lo hace tan especial?
Pues sí: enseño esas cosas. Y te diré más: entre todas las cosas que enseño, esta es una de las más complejas y desafiantes para los alumnos. Y no hablo de alumnos caninos, sino de alumnos humanos. Ser un profesional, es decir, un educador canino o un veterinario, en lugar de un “simple” propietario, no mejora la situación. A la hora de darles pastillas a los perros, todos nos enfrentamos a un buen reto.
No basta con que el perro coja la cápsula en la boca: luego tiene que tragársela, sin masticarla, y nosotros no tenemos ningún control sobre lo que ocurre en su boca; de hecho, no tenemos ni idea de lo que ocurre allí dentro, porque no lo vemos.
¿Y por qué es un reto?
Porque yo no enseño a las personas a darle pastillas al perro: enseño a las personas a enseñarle al perro a tomar cápsulas y comprimidos voluntariamente, sin forzarlo ni presionarlo.
Desde luego, sin metérselas directamente en la boca/garganta.
Si te pones en el lugar del perro, desde SU punto de vista le estás pidiendo que coja e ingiera un objeto, algo que no es comestible: no se trata de que se trague comida.
Hace unos años, decidí probar este tipo de entrenamiento con mis perros.
Personalmente, nunca había tenido problemas con ellos para que se tomaran sus pastillas.
Al Anciano siempre le motivó mucho la comida, así que solo necesitaba una migaja de alimento, o incluso tan solo su olor, y él se lo tragaba todo a la velocidad del rayo.
Baku, en cambio, si se daba cuenta de que había una pastilla en su comida, directamente se negaba a comer o retenía la comida y luego escupía la pastilla medio disuelta. Así que, a Baku, simplemente le metía la pastilla en la boca, bien al fondo, luego le mantenía la boca cerrada por un momento y le daba unas pequeñas caricias en la garganta, y listo, se la había tragado.
Nunca me había planteado el problema.
Entonces, ¿por qué entrenar? ¿Por qué trabajar para darle pastillas al perro?
1. Porque no quería tener que forzar o engañar a mis perros, ni siquiera en este caso
2. Porque quería poder ayudar a todos los perros, incluido
aquellos que no se lo tragan todo,
los que pueden oler a unos kilómetros si hay una cápsula en la comida y os la escupen en la cara,
los que se asustan fácilmente,
aquellos a los que no puedes meterles los dedos en la boca, ¡al menos si quieres conservar tus dedos y brazos!
3. Porque hay suplementos/fármacos que deben tomarse necesariamente sin alimentos.
Así que empezamos a entrenar los tres. Por suerte, mis perros son muy diferentes entre sí, en todos los aspectos, por lo que pude experimentar con ellos formas distintas de conseguir el mismo objetivo.
Siempre hay maneras diferentes, muchos caminos distintos que se pueden tomar para llegar a un mismo resultado. Perros diferentes probablemente necesiten tomar caminos diferentes.
Unos meses después, el Anciano se puso muy enfermo: tenía dolores, náuseas y no comía casi nada. Tuve que darle varios comprimidos al día, y también unas gotas.
Y ¡adivina qué! Mi perro super famélico, que se comía hasta el cartón, que nunca en su vida me había dado problemas para tomarse las pastillas, improvisamente no quería probar bocado.
Estaba muy angustiada. ¿Cómo iba a hacer con la medicación, con mi perro en ese estado?
Sin hacerme muchas ilusiones, porque de verdad estaba muy enfermo, intenté pedirle que se tomara las pastillas de forma colaborativa, tal como habíamos hecho en nuestros entrenamientos.
¡Y se las tomó! Todas y enseguida, sin dudarlo ni por un momento. Todos los días, varias veces al día. La comida no la quería, pero las pastillas, de esa forma tan familiar para él, ¡esas sí!
En aquel momento comprendí realmente el alcance, la importancia, del trabajo que habíamos realizado.
El problema nunca ha sido hacerles tragar pastillas, “sea como sea”.
El reto consiste en ser capaz de crear la motivación adecuada, el estado de ánimo adecuado para que el animal decida que merece la pena coger e ingerir algo que, de hecho, no es comida.
Los elementos esenciales son:
que confíe en mí lo suficiente como para coger y tragar algo que le ofrezco y que no es comida
que disponga de toda la información necesaria para realizar la tarea
que tenga la motivación adecuada.
Todo esto presupone que se sienta seguro y libre para elegir. Siempre.
