No es solo el hecho de quedarse quieto, ni el “dejarse hacer”, lo que deberíamos tener en cuenta si es que queremos comprender cómo vive nuestro perro estas situaciones.
Pero, ¡si mi perro SE DEJA HACER DE TODO! ¡No tiene ningún problema con las manipulaciones!
Suena bien, ¿verdad? Parece tener sentido, ¿a que sí?
Pues no, no es exactamente así.
El hecho de que se deje manipular no significa necesariamente que esté cómodo, que se sienta a gusto en esa situación. El hecho de que se quede quieto para ser manipulado no significa que lo esté pasando bien.
En estos casos, lo cierto es que NOSOTROS no tenemos ningún problema, porque podemos hacer sin percances lo que tenemos que hacer. Ya. Pero, ¿y el perro?
¿Cómo está viviendo la experiencia nuestro perro?
Generalmente, nos damos cuenta de que tenemos un problema con las manipulaciones si somos nosotros los que tenemos el problema.
Nuestra percepción del problema se centra en nosotros y no en el perro.
Así que nos damos cuenta de que hay un problema si, por ejemplo, nuestro perro reacciona y manifiesta comportamientos agresivos.
Nos damos cuenta de que hay un problema si nuestro perro huye, no nos deja cogerlo, se escabulle e intenta alejarse.
En resumen, nuestro problema es que no logramos bañar al perro, hacerle una revisión o medicarlo, o, por lo menos, no podemos hacerlo fácilmente.
Pero ojo: básicamente, la situación de un perro que huye o que reacciona agresivamente y la situación de un perro que permanece inmóvil en la mesa del veterinario pueden ser iguales.
Ante un peligro percibido, cuando el perro experimenta una emoción como el miedo, podemos observar comportamientos de: ataque, huida, freezing (congelación) o inmovilización.
Puede haber un perro que se quede completamente inmóvil, que no se inmute, que no reaccione y no intente escaparse, pero que al mismo tiempo esté aterrorizado.
También puede darse el caso de un perro que esté asustado, pero que, con nuestra presencia y apoyo, consiga hacer frente a la situación y logre sentirse mejor. Sin embargo, esto no significa que el perro no perciba un peligro y que no haya experimentado miedo.
En este caso, el perro sí percibe un peligro, pero al encontrar en nosotros la ayuda y el apoyo adecuados, puede volver a serenarse.
Por último, podemos tener a un perro totalmente inhibido, que ha aprendido, a su costa, que reaccionar no le sirve de nada o, lo que es peor, que no reacciona por miedo a las consecuencias.
De nuevo, el hecho de que no veamos ninguna reacción no significa que el perro esté bien y se encuentre a gusto.
Por supuesto, también hay perros que se quedan quietos y se dejan hacer de todo porque no están nada preocupados, pero se trata de una escasa minoría.
En cualquier caso, si queremos comprender cómo nuestro perro vive realmente estas situaciones, no deberíamos tener en cuenta exclusivamente el hecho de que se quede quieto o “se deje hacer”.
