SI TIENES UNA BUENA RELACIÓN CON TU PERRO Y TU PERRO CONFÍA EN TI, SE DEJARÁ HACER DE TODO Y NO TENDRÁ MIEDO
¿Cuántas veces oímos esto?
Por un lado, están los que le dan dos bofetadas al perro y listo, porque es un perro y tiene que obedecer, tiene (¡TIENE!) que aceptar que le hagas cualquier cosa sin rebelarse, porque tú mandas, ¡claro que sí!
Bueno, eso ni lo comentamos, ya que estamos en el anno Domini 2023 y deberíamos haber guardado los garrotes de cavernícolas hace tiempo…
En el otro lado están las “almas buenas”. Aquellas que, si tienes una buena relación con tu perro y él confía en ti, se dejará hacer cualquier cosa, precisamente por el vínculo que os une.
En ambos casos, si tienes a un perro que no colabora y que no tiene la más mínima intención de ser manipulado, un perro que está demasiado asustado y que, quizás, reacciona de forma agresiva, pues, parece ser que eres una mala persona, un mal humano para el perro, un inepto. Y eso hace que te sientas fatal.
Afortunadamente, la realidad es más compleja y, personalmente, me siento muy incómoda con ambas posturas.
Precisamente porque reconozco la individualidad de cada perro, porque sé que cada sujeto es diferente y tiene historias y experiencias diferentes, sensibilidades distintas, motivaciones, emociones y formas diferentes de representar la realidad y porque
NO, no pienso ser un dios para mi perro,
no tengo ningún problema en pensar que está bien que me mande a tomar por saco. Mi ego no sufre; nuestra relación, desde luego, no sufre, sino más bien lo contrario…
Puede que un perro simplemente no sea capaz de afrontar con serenidad una situación determinada, con o sin tu apoyo, o puede que no quiera afrontar esa situación en concreto, ni siquiera contigo.
Si crees que es suficiente con tener un buen vínculo, puede que no te hayas topado todavía con una situación que te ponga tan a prueba como para que tus certezas se tambaleen.
Es más, aunque tu perro pueda afrontar las manipulaciones sin demasiado miedo y sin resistirse/huir/reaccionar agresivamente, eso no quiere decir que todos los demás que viven con un perro también se encuentren en la misma situación que tú.
Tu(s) perro(s) no son todos los perros del mundo.
Además, deberías ser sincero y ver hasta qué punto tu perro está realmente a gusto en ese contexto o si está aguantando la situación y, quizás, lo esté haciendo solo por ti.
Los que ya me conocen saben que, para mí, el fundamento de todo es la relación. Si no hay confianza mutua y no podemos contar con una relación sólida, me niego a trabajar las manipulaciones.
No obstante, la relación no puede ni debe ser excusa para no hacer nada. ¡Al contrario! Debería ser la fuerza que te impulsa a actuar.
Tampoco podemos pensar en las manipulaciones relacionadas con los cuidados como algo opcional, por lo que, si a mi perro no le gusta, lo dejo estar y ya está.
¡Estamos hablando de su salud y de la posibilidad de administrarle tratamientos!
Puede que hayas tenido suerte y que hasta ahora tu perro no haya necesitado tratamientos; ojalá sigas teniendo la misma suerte, por lo menos hasta que tu perro se haga mayor y necesite cuidados diferentes, así como pruebas y revisiones veterinarias más frecuentes. De todas formas, es mejor no confiar demasiado en la suerte y prepararse con tiempo.
Soy absolutamente partidaria de “basta con lo mínimo indispensable”, pero ese “mínimo” tenemos que lograrlo, si queremos cuidar del bienestar de nuestro compañero canino.
Así que…
“¿BASTA CON TENER VÍNCULO?”
Conozco a muchas personas extraordinarias, entre ellas algunas que son adiestradoras/educadoras caninas, que tienen relaciones maravillosas con los perros con los que conviven, pero que, sin embargo, tienen grandes dificultades a la hora de manipularlos.
Yo misma empecé a trabajar el entrenamiento a las manipulaciones precisamente porque, en un momento dado, me vi incapaz de medicar a uno de mis perros (nunca tuve problemas con los perros anteriores).
Tenía, y tengo, una bonita relación con mi perro, él confiaba en mí, era libre de expresarse y ser él mismo, vivía una vida plena y satisfactoria; sin embargo, llegó un momento en el que todo eso no fue suficiente.
Es cierto, nunca le había gustado demasiado que le manipularan, pero habíamos alcanzado nuestro propio equilibrio. Hacíamos solo lo esencial, en pequeñas dosis, y todo iba sobre ruedas.
Luego vino la enfermedad, el dolor, y de repente la situación se precipitó.
Dialì ya no me permitía ningún tipo de contacto: no podía revisarlo ni realizar ningún tratamiento o limpieza, nada de nada. Reaccionaba de forma agresiva y con mucha intensidad, y no solo con el veterinario, sino también conmigo.
Y eso a pesar de que nunca lo había tratado bruscamente, a pesar de que siempre había intentado no forzarlo, basándolo siempre todo en una comunicación honesta y en la colaboración. No estaba resentida, ni mucho menos, pero me preocupaba muchísimo no poder administrarle los tratamientos y temía que ya no me dejara proporcionarle los cuidados que necesitaba.
Siento suficiente respeto por los perros como para no pensar que su mundo debe girar necesariamente en torno a nosotros. Los perros no son hojas de papel en blanco en las que podamos escribir a nuestro antojo.
Tengo los hombros lo suficientemente anchos como para recibir una negativa de mi perro, sin por ello llegar a cuestionar nuestra relación, el amor y la confianza que nos unen y toda nuestra historia juntos.
NO, NO BASTA CON EL VÍNCULO y te diré más…
¡No deberíamos hacer que baste! Trabajo para darle a mi perro todas las herramientas necesarias para que pueda enfrentarse él mismo, sin miedo ni estrés, a las experiencias de peluquería y a los cuidados médicos.
Mi objetivo es que esté sereno y no se sienta en peligro, que pueda vivir la experiencia de forma no problemática y no solo porque yo esté ahí para apoyarle en un momento difícil. Quiero decir que no me conformo con que se sienta en peligro y pueda sobrellevarlo solo gracias a mi presencia.
No quiero que se sienta en peligro, y punto
¿Qué ocurre cuando nos enfrentamos a un peligro? O, mejor dicho, ¿qué ocurre cuando el sistema nervioso capta señales que indican que el entorno no es seguro?
Lo que ocurre es que se activa el sistema de defensa.
En este estado, el perro puede quedarse inmóvil o intentar huir o atacar, o prepararse para hacerlo; está hipervigilante. Su objetivo es solo uno: volver a sentirse seguro.
Para volver a una condición de seguridad, puede que tu perro se paralice, huya o ataque, e, incluso, que busque tu ayuda. Si tenéis una buena relación, un sano vínculo de apego, y tú consigues que se sienta seguro, entonces el sistema de defensa podrá desactivarse.
Por supuesto, si en la relación contigo el perro se siente seguro siempre, será más difícil que se active el sistema de defensa, incluso en presencia de señales de peligro potencial. Sin embargo, esto no impide que el sistema nervioso del perro siga evaluando la seguridad del entorno en todo momento, captando todo tipo de señales: por desgracia, cuando hablamos de manipulación, señales de peligro ¡sí que las hay! ¡Y muchas! Y, además, son muy relevantes.
La sola contención física es, de por sí, una sirena de alarma capaz de activar el sistema de defensa. Y, sin pensar en cosas más horribles, cada vez que realizamos la más mínima manipulación (salvo que hayamos aprendido a hacerlo de otra forma) sujetamos al perro, ya sea todo su cuerpo, o solo la cabeza, o una pata, según dónde tengamos que manipularlo.
A diferencia de cuando lo apostamos todo confiando en la relación, cuando nos preparamos para enfrentarnos a las manipulaciones mediante un entrenamiento específico (Adiestramiento Colaborativo):
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actuamos directamente sobre todas las posibles señales de peligro que el sistema nervioso puede detectar en el entorno
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proporcionamos al sistema nervioso las herramientas para “calmarse”
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no le exigimos nada al perro, por lo que no introducimos costes que pesen sobre la relación
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en resumen: intentamos que el sistema de defensa no se active y que, en su lugar, permanezca activo el sistema de involucramiento social, que es el que permite que el perro colabore con nosotros y el que hace que sea cada vez más difícil que se active el sistema de defensa.
De este modo, el perro podrá afrontar sin miedo y con el menor estrés posible todas las manipulaciones necesarias para su bienestar.
Se “dejará hacer” porque habrá desarrollado la motivación y las habilidades para cooperar con nosotros también en este contexto, y no porque se le obligue, porque le presionemos o porque demos por sentado que “se deje hacer” en nombre de lo que nos une.
Por otra parte, me parece que cuando traemos a un cachorro a casa no nos esperamos, ni por asomo, que lo haga todo perfecto, así, sin esfuerzo, como un don caído del cielo.
Nos esmeramos para que nuestro cachorro pueda desarrollar todas las habilidades necesarias para vivir tranquilamente en su entorno, nos ocupamos de introducirlo gradual y suavemente en los distintos contextos, nos encargamos de la socialización, de que se sienta seguro, etc.
Entonces, ¿por qué deberíamos hacer lo contrario en el caso de manipulaciones relacionadas con los cuidados? ¿Por qué damos por sentado que todo suceda mágicamente, sin el más mínimo esfuerzo? Eso también debería ser nuestra responsabilidad.

Aquí descubrirás cómo preparar a tu perro para que viva con serenidad las experiencias de peluquería y las manipulaciones veterinarias.
Podrás aprender cómo fomentar las condiciones que le permitan desarrollar una fuerte motivación para cooperar contigo, y hacer que, finalmente, participe activa y voluntariamente en sus cuidados en vez de limitarse a “tolerarlos”.
www.addestramentocollaborativo.it/
